Zaragoza es una ciudad que nos sorprenderá por sus raíces romanas y mudéjares. Sus dos mil años de historia no los podremos asimilar en una visita de 48 horas, pero nos llevaremos una imagen clara de su belleza y de la calidez de su gente. Esa conservación del pasado no ha impedido que la capital de Aragón haya dado un gran salto a la modernidad y se haya convertido en una ciudad con proyección de futuro. Así lo demostró, con la Exposición Internacional que celebró en 2008, promoviendo un uso sostenible del agua.
Para comenzar nuestra visita de las tierras zaragozanas, nos adentraremos en una de las rutas más interesantes de la ciudad: la Ruta de Caesaraugusta. Es un recorrido por cuatro enclaves arqueológicos que nos ofrecerán una visión histórica de la ciudad durante su fundación romana, hace más de dos mil años. La ruta se compone de cuatro museos que nos maravillarán ya que, no sólo podremos contemplar los restos de los edificios trascendentes de la ciudad, sino que descubriremos cómo era la vida política, social, comercial, lúdica y religiosa de la época romana. Si queremos que estas visitas nos salgan algo más económicas, podemos comprar una entrada conjunta para los cuatro museos por 7€.
La primera parada será en el Museo del Teatro de Caesaraugusta, situado en la calle de San Jorge, número 12. En este enclave, en pleno centro histórico, encontraremos el propio edificio del museo junto al teatro romano. En el piso inferior podremos contemplar los restos que quedan de ese popular lugar de esparcimiento social, que constituían los teatros romanos de la época. Durante una hora y media, podremos pasear por sus más de 2.000 m2, repartidos entre las tres plantas que constituyen el museo, y aprender más sobre cómo era la ciudad en sus orígenes y cómo ha evolucionado hasta convertirse en una urbe moderna en la actualidad. Con una serie de infografías, proyecciones, maquetas y recreaciones, nos resultará muy estimulante y ameno aprender sobre la historia de la ciudad de Zaragoza.
Saldremos del Teatro y nos dirigiremos al Museo de las Termas Públicas de Caesaraugusta, en la calle de San Juan y San Pedro, número 3. En este espacio descubriremos que los modernos spas basan su filosofía de hidroterapia en una costumbre traída por los romanos a través de sus termas. Las nuevas instalaciones que tenemos hoy en día para el cuidado del cuerpo no tienen nada que envidiar a aquellas estancias: vestuarios, salas para tratamientos de agua caliente, templada y fría, gimnasios, y hasta biblioteca. Para los antiguos ciudadanos de Caesaraugusta, las termas eran algo más que un lugar de bienestar físico, ya que suponía también un centro de la vida social y cultural. A través de las reconstrucciones virtuales de algunos restos arquitectónicos, y de las reproducciones de objetos que se usaban en las termas, nos podremos imaginar mejor la función y trascendencia de estos espacios para los antepasados de los zaragozanos modernos.
Después nos acercaremos hasta el número 2 de la Plaza de la Seo, donde encontraremos el Museo del Foro de Caesaraugusta. Y es que, esta plaza esconde bajo su suelo un emplazamiento que alberga restos arqueológicos del mercado y del foro. Ambos espacios eran considerados de enorme trascendencia para la vida de la ciudad, por lo que su visita nos ayudará a entender mejor el funcionamiento de la antigua Zaragoza.
Por último, visitaremos el Museo del Puerto fluvial de Caesaraugusta, situado en la Plaza de San Bruno (número 8). Comenzaremos por ver la proyección de un vídeo en el que se nos cuenta la importancia del río Ebro para esta zona y los cambios que ha ido experimentando a través de la historia. En relación con el agua, elemento fundamental en el nacimiento y desarrollo de la ciudad, podremos contemplar diversos ejemplares de ánforas, el principal envase destinado al comercio alimenticio en la época romana.
Estaremos exhaustos después de este recorrido, así que nos dirigiremos hacia un buen restaurante para degustar la cocina aragonesa en todo su esplendor. El Patio de Don Julián (Calle de Don Teobaldo, 8-10) está situado en pleno casco histórico de la ciudad y es uno de los locales más bonitos de Zaragoza, decorado con estilo rústico y con una entrada que simula ser una bodega. Podemos optar por elegir entre unos primeros como el panaché de verduras naturales, o el crujiente de canelón al aroma de maíz relleno de txangurro; y luego decidirnos entre la carrillera de ternera, las manitas de cerdo rellenas de foie, el confit de pato al Pedro Ximénez, o el tournedó de solomillo ibérico a la trufa. Cualquiera de las opciones que tomemos nos dejará totalmente satisfechos. Para endulzarnos el final, nos podemos dejar seducir por el pastel de queso, el arroz con leche o el tiramisú, todos ellos caseros.
Un lugar reposado y hermoso para pasear después de comer es el Parque de la Aljafería, que podremos recorrer tranquilamente antes de admirar, por fuera y por dentro, el Palacio que alberga. Esta fortificación nos ayudará a entender la presencia del mundo árabe en la capital aragonesa y nos maravillará por su decoración y por detalles tales como los grabados en los que se pueden leer fragmentos del Corán. Podemos concertar una visita guiada y gratuita para conocer mejor los orígenes y usos de este imponente edificio, actual sede del Parlamento Autónomo Regional y de las Cortes de Aragón.
Antes de dirigirnos a cenar, tomaremos la Calle de Don Jaime I y encaminaremos nuestros pasos hacia la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Este templo barroco, uno de los más importantes de su época, se construyó en el lugar en el que el Apóstol Santiago y un grupo de cristianos afirmaron haber presenciado la aparición de la Virgen el día 2 de enero del año 40. Este edificio religioso alberga un importante fondo artístico, en el que encontraremos frescos de Goya en la bóveda del Coreto y en la cúpula Regina Martyrum.
Aparte del interés cultural y arquitectónico del edificio, podemos disfrutar de un ambiente tranquilo y sereno que nos envolverá. Sobre todo, al caer la tarde, se puede respirar más esa calma en la que sólo se oye el aleteo de las palomas, y se nota que la ciudad empieza a despedirse de la jornada. Este contraste con el movimiento y el barullo del resto del día, nos proporcionará el relax justo para asimilar todo lo que hemos ido conociendo a lo largo del día. Así que no nos sobresaltemos cuando, desde lo más alto, las campanas del Pilar, rompan el silencio.
Nuestra primera jornada está terminando, y tendremos ganas de descansar y reponer fuerzas. Para ello iremos a la Casa Dominó (Plaza de Santa Marta, s/n), uno de los mejores sitios de tapeo de toda la ciudad de Zaragoza. Su carta, con más de 200 variedades, nos despertará el apetito si los largos paseos no lo hubieran conseguido: jamón batido, longaniza de queso gratinado con piquillo, bonito con pimientos, variedades de queso, embutidos de diversas procedencias... Este local nos hará sentir en otra época gracias a su curiosa decoración y a una atención familiar tan poco frecuente, que seguro apreciaremos. Además, su ubicación, en una plaza tan concurrida, nos dará la imagen de la Zaragoza nocturna.
Si nos quedan ganas de marcha, siempre podemos ir a conocer la famosa sala Oasis (Calle de Basilio Boggiero, 28), cuyo nombre traspasa fronteras. En ella se celebran las mejores fiestas de la ciudad y reúne a los más renombrados DJ's del momento.
En un día de diario, Zaragoza bulle como cualquier ciudad. Sin embargo, una mañana de domingo o de un día festivo, encontraremos sus calles para nosotros solos. Tiene un punto de encanto ya que escucharemos la quietud en la Plaza de Nuestra Señora del Pilar, donde podremos entrar en alguna de sus cafeterías de toda la vida para disfrutar de un desayuno tranquilo, esperando que la ciudad se desperece. Por ejemplo, podemos ir a El Real (calle de Alfonso I, 40, esquina con la Plaza del Pilar), una cafetería situada en un edificio de gran belleza de finales del siglo XIX. Su café natural y su repostería artesanal nos ayudarán a disfrutar de esta segunda jornada ya desde primera hora.
Ayer estuvimos inmersos en la época romana y en este segundo día conoceremos también los restos mudéjares que persisten en la ciudad. El casco antiguo nos ofrece la vista de la torre de la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena (Calle del Doctor Alejandro Palomar, 14) que nos sorprenderá por su espectacular estructura y sus detalles árabes. Desde la Calle Mayor podremos ver el edificio desde fuera y luego entraremos para contemplar el conjunto escultórico del Retablo Mayor. Al salir, a pocos pasos de donde nos encontramos, podemos visitar de forma gratuita el Centro de Historia de Zaragoza (Plaza de San Agustín, 2). Este antiguo convento, ahora rehabilitado y convertido en importante herramienta de difusión artística y cultural, es un espacio que ofrece exposiciones temporales muy interesantes.
Y, cogiendo la Calle Mayor, nos dirigiremos a la Iglesia Parroquial de San Gil Abad (Calle de Don Jaime I, 15). Contemplaremos un lugar de culto con forma de fortaleza, de planta rectangular con una sola nave y con una bóveda de crucería en lo alto. Desde fuera, podremos observar una imponente torre mudéjar y, en el interior, dedicado a San Gil Abad, destaca el Retablo Mayor que es una gran muestra de la escultura románica aragonesa.
Antes de ir a comer, visitaremos dos lugares de gran interés cultural. El primero es el Museo Provincial (Plaza de los Sitios, 6) que alberga numerosas obras religiosas de Goya, muy vinculado a la ciudad de Zaragoza desde que era un niño. El segundo es el Palacio de Arguillo, situado en la Plaza de San Felipe, número 3. Esta construcción del siglo XVII fue declarada Monumento Nacional en 1943 y, actualmente, alberga el Museo de Pablo Gargallo, el famoso escultor aragonés. Contiene esculturas en bronce y otros materiales, dibujos, grabados, así como un importante fondo de documentación.
Después de este último recorrido, estamos preparados para ir a comer a tan solo cinco minutos de donde nos encontramos. Iremos a un asador típico con el horno a la vista, dentro del que veremos cómo se va haciendo la carne. El restaurante se llama Abuela Basilia (Calle de Santiago, 14) y nos hará sentirnos como en casa. Para empezar, tenemos anchoas de Santoña, espárragos trigueros a la brasa o alcachofas fritas con jamón y foie. El plato fuerte es el cordero lechal hecho en horno de leña y acompañado de patatas asadas. Sólo el olor de cómo esta carne tan tierna se va cocinando junto a las brasas, nos reconfortará el espíritu. Y para dar un punto dulce al banquete, podemos probar la tarta de orujo.
Nuestra visita está tocando a su fin y nos queda pendiente el otro edificio religioso emblemático de la ciudad: la Catedral del Salvador, comúnmente conocida como “la Seo”. Pese a su ubicación, esta basílica tiende a pasar desapercibida debido a la tradición y a las fiestas con las que se relaciona la Plaza del Pilar y su iglesia. La Seo se asienta sobre lo que fue el foro romano y, posteriormente, la mezquita mayor de la ciudad árabe. El edificio resulta interesante también porque combina elementos de diferentes estilos arquitectónicos, desde el románico, pasando por el gótico, el barroco, el renacentista y hasta el neoclásico.
Podremos entretenernos un par de horas con este complejo y bello edificio hasta que demos por finalizada la ruta y decidamos emprender el camino de regreso a casa. Contemplando la Plaza de la “Pilarica” sentiremos que hemos estado por primera vez en esta ciudad de raíces tan profundas, pero que no será la última.