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© Josep M. Palau Riberaygua© Josep M. Palau Riberaygua© Josep M. Palau Riberaygua© Josep M. Palau Riberaygua© Josep M. Palau Riberaygua© Josep M. Palau Riberaygua© Josep M. Palau Riberaygua© Josep M. Palau Riberaygua

Roma

Las calles de Roma están empedradas con sampietrini, adoquines que deben su nombre al hecho de provenir de la misma fábrica de la que salieron en su día los materiales para la construcción de San Pedro en el Vaticano. Hoy en día pueden parecer fuera de lugar, pero forman parte del carácter romano. Por el mismo motivo, el centro histórico conserva intacto el encanto de sus fachadas ocres y sus tapias vestidas de buganvillas.

09.00 La puerta de entrada

Empezamos la visita a la ciudad en la Piazza del Popolo, principal puerta de entrada a la urbe en el pasado, a la cual se llegaba por Via Flaminia. La actual Porta del Popolo señala el lugar, aunque su decoración actual se debe a los gustos del papa Alejandro Chigi. En medio de la plaza se alza un característico obelisco egipcio de Ramsés II y bajo los soportales de los alrededores podemos encontrar tenderetes de libros de segunda mano, que contribuyen a dar ambiente al lugar.

 

La plaza se encuentra a los pies de una colina que cobija los jardines de Villa Borghese. En el centro del jardín se encuentra la Galleria Borghese, donde se guardan obras del maestro del barroco italiano Gian Lorenzo Bernini. Aquí destacan sus esculturas de Apolo y Dafne y El rapto de Proserpina (www.galleriaborghese.it/borghese/en/edefault.htm).

Para llegar al museo desde la Piazza del Popolo hay que subir a la colina del Pincio, un esfuerzo que vale la pena por la estupenda panorámica que se divisa desde lo alto. Desde allí, se aprecia lo extensa que es la ciudad y las numerosas cúpulas barrocas y renacentistas que decoran su perfil.

10.00 Baño de multitudes

Después de deambular por Villa Borghese, se impone dirigir nuestros pasos hacia la famosa Piazza di Spagna y su espectacular escalinata barroca. Descendemos la colina por el Viale dell’Orologio, que debe su nombre al curioso reloj de agua instalado allí en el s. XIX. La iglesia que hay en lo alto de la escalinata de la plaza es Trinità dei Monti. A sus pies distinguiremos los puestos de vendedores de flores (sobre todo en primavera) y la fuente en forma de barcaza que hay justo enfrente del Caffè Greco, donde se citaban artistas como Oscar Wilde o Lord Byron. Puede que también lo recordemos de la escena que tiene lugar allí en la oscareada película El talento de Mr. Ripley, protagonizada por Matt Damon. La plaza debe su nombre a la residencia del embajador de España y siempre ha ejercido una gran fascinación sobre los escritores ingleses. A la izquierda según se baja, está la Casina Rossa, donde vivieron los románticos John Keats y Mary Shelley, autora de la novela Frankenstein.

11.00 Seguir la tradición

Ha llegado la hora de cumplir con la tradición y acercarse a la Fontana di Trevi para arrojar una moneda al agua. Podemos tomar varios caminos, pero quizá el más entretenido sea el que pasa por las calles Condotti y del Corso, rebosantes de escaparates tentadores y tiendas exclusivas. Si se pasea por ellas, será difícil dejar de admirar el estilo en el vestir de los romanos y, en especial, de las romanas. Llegados al cruce con la Via delle Muratte, torcemos a la izquierda y damos con la fuente. Antes de llegar, oiremos el murmullo de las voces de la gente que siempre se arremolina en el lugar. La magnífica construcción de Bernini parece brotar de la pared de un edificio y el estanque que se forma a sus pies ocupa casi toda la plazoleta donde se halla. Aquí es donde terminaba en su día el Acqua Vérgine, uno de los acueductos que llevaban el agua a la ciudad en la época de los romanos.

En las inmediaciones de la Fontana di Trevi encontraremos la mole del palacio del Quirinale, residencia oficial del presidente de la República Italiana, si bien su construcción empezó en el año 1583 por orden del papa Gregorio XIII, que quería disponer de una nueva residencia de vacaciones.

12.00 Encuentro con Miguel Ángel

Recuperamos la Via del Corso y la seguimos hasta la Piazza Venezia, para ver aparecer ante nuestros ojos el Altar de la Patria o monumento a Víctor Manuel II. La grandilocuencia de la obra nos hace pensar de inmediato en su pasado vinculado con Mussolini. Los romanos lo llaman de forma despreciativa la máquina de escribir o el pastel de bodas. No nos dejemos influir por su aspecto y subamos la escalinata que queda a su derecha. Allí se esconde una de las plazas más bellas de Roma, el Campidoglio, diseñado por Miguel Ángel y abrazado a lado y lado por los museos capitolinos (www.museicapitolini.org). El Campidoglio era la menor de las siete colinas sobre las que se fundó Roma y en ella se encontraba el templo de Júpiter. Hoy es la sede del ayuntamiento.

Por la parte posterior de la plaza, nos espera otra de las vistas imprescindibles de la ciudad: la de los foros imperiales y el Coliseo al fondo, como si de una escena de Gladiator se tratara.

13.00 Pan y circo

Aunque nos parezca un poco pronto según el horario español, va siendo hora de buscar una mesa para sentarse a comer, puesto que en Italia se almuerza antes. En los alrededores del Coliseo encontraremos muchas opciones, sobre todo si avanzamos un poco por la Via di San Giovanni in Laterano. Son muy recomendables el Naumachia (Via Celimontana, 7), la trattoria y pizzería Luzzi (Via di San Giovanni in Laterano, 88) y el popular Ai 3 Scalini di Helena (V. Ss. Quattro, 30).

Terminado el almuerzo, toca explorar el anfiteatro Flavio, más conocido como el Coliseo. Lo erigió el emperador Vespasiano, pero lo inauguró su hijo Tito en el año 80 d. C., con unas fiestas que duraron cien días. El suelo de la arena está hundido y deja al descubierto los pasillos y las habitaciones que albergaban a luchadores y fieras, así como los montacargas que los subían al terreno de juego.

16.30 El edificio perfecto

Cambiamos ahora de zona; volvemos sobre nuestros pasos dando un paseo hacia la Piazza Venezia y tomamos la calle del Gesù. A pocos metros nos encontraremos con el Panteón, un magnífico edificio obra del emperador Adriano. Lo más llamativo aquí es su increíble cúpula, construida en el año 25 a. C. Su complejidad técnica es tal que no se pudo imitar con materiales modernos hasta el año 1958. Adriano lo dedicó a Agripa, que había construido otro templo en el mismo lugar. El edificio actual se conservó a lo largo de los siglos gracias a que el papa Bonifacio IV lo consagró como iglesia. En el centro de la cúpula hay un orificio circular, planteado de tal manera que la corriente de aire evita que la mayor parte de la lluvia caiga dentro. Parece cosa de magia.

Casi al lado del Panteón tenemos dos propuestas muy romanas. Una es la Gelateria della Palma, donde los habitantes de esta ciudad compran helados incluso en pleno invierno. Otra opción es tomar un café, muy fuerte y cortito, en la tradicional cafetería Tazza d’Oro y en el Sant'Eustachio. Ambos brindan la posibilidad de detenerse y descansar unos minutos. Hay otro café al lado del Sant’Eustachio, poco concurrido, sobre el que corre el rumor de que pertenece a la camorra napolitana.

17.30 Una plaza única

Un poco hacia el oeste y tras cruzar el ancho Corso del Rinascimento, llegamos a la plaza más teatral de Roma: la Piazza Navona. Su forma ovalada reproduce la del antiguo circo de Domiziano, donde se celebraban carreras de cuadrigas. En la actualidad, atesora una multitud de terrazas en las que los romanos se dedican a uno de sus pasatiempos favoritos: tomar un aperitivo y ver pasar la vida. En medio de la plaza destaca la barroca fuente de los Ríos o dei Fiumi, de nuevo obra de Bernini, que recuerda los tiempos en los que el estadio que había aquí se llenaba de agua de forma artificial para celebrar acontecimientos náuticos. En frente, la iglesia de Sant’Agnese in Agone exhibe una curiosa fachada cóncava concebida por Borromini.

Y una curiosidad: en las inmediaciones de la plaza barroca, en la calle Santa Chiara, encontraremos la sastrería de Annibale Gammarelli. Él es el responsable de confeccionar el primer traje que viste un papa al ser elegido.

18.30 Un final perfumado

Pocos pasos nos separan de otra plaza fantástica: el Campo dei Fiori. Para llegar allí, pasaremos frente a Sant’Andrea della Valle, iglesia famosa por ser la que aparece en la ópera Tosca de Puccini como escenario de su primer acto.

Ya en el Campo de’ Fiori, veremos cómo en pleno centro de Roma los vendedores ambulantes instalan los quioscos de flores que le dan nombre a la plaza, además de vender frutas y verduras de temporada, otra pasión romana.

Tras curiosear por la zona, llega el momento de volver a buscar mesa según el horario romano. Por suerte, los alrededores del Campo ofrecen múltiples posibilidades para todos los bolsillos. Quizá uno de los restaurantes más famosos de la plaza sea La Carbonara, a mediodía muy visitado por políticos locales (Campo de'Fiori, 23).

10.00 En busca de gangas

Si nuestra visita a Roma coincide con un fin de semana, no debemos olvidar que el domingo es el día de los rastros y mercadillos. Gozan de justa fama el de Borghetto Flaminio, justo en Via Flaminia y enfrente del edificio del Ministerio de Marina, así como el mercado de las pulgas de Ponte Milvio, bien ubicado en los paseos que quedan junto al río Tíber. Al principio del puente hay un quiosco que sirve los mejores combinados de la ciudad, según los entendidos.

11.00 El referente de la cristiandad

Construido donde estuvo una basílica obra del emperador Constantino, erigida sobre el cementerio en el que estaba enterrado san Pedro, el Vaticano constituye una visita imprescindible, pero también muy exigente por los muchos atractivos que atesora. De la obra de Constantino solo quedan los batientes de bronce de la puerta de Filarete, a la derecha de la fachada del templo actual. En cuanto al santo, reposa bajo el baldaquino, un palio de bronce de grandes dimensiones que hay en el crucero de la basílica. La longitud de la planta basilical es de 187 metros y cuenta con unas marcas en el suelo que señalan el espacio que ocuparían iglesias famosas del mundo si se pudieran meter dentro. En un lateral está La Piedad de Miguel Ángel, esculpida cuando el escultor tenía solo 25 años.

También es obra de Miguel Ángel la cúpula de la iglesia. Se puede subir hasta ella para contemplar las vistas, si bien siempre hay que hacer cola.

12.00 La aventura de los museos

Si solo vamos a visitar un museo en Roma, ese debe ser el del Vaticano. En realidad se trata de un conjunto de museos, ubicados a la derecha de la gran columnata que hay frente a la basílica, que ocupan lo que fueron las residencias de papas renacentistas como Sixto IV, Inocencio VIII o Julio II. Hay que planificar previamente la visita, si no queremos pasar el día haciendo cola. Lo mejor es reservar la entrada por Internet www.biglietteriamusei.vatican.va. Una vez en el interior, las grandes estrellas serán, sin duda, la Capilla Sixtina de Miguel Ángel y las salas de la Signatura y de Rafael, donde Rafael pintó frescos tan famosos como el de la escuela de Atenas. A partir de ahí, cada uno es libre de completar la visita como quiera, ya que se calcula que, si dedicáramos un minuto a cada uno de los objetos expuestos, tardaríamos cuatro años en verlos todos.

14.00 Una buena mesa

Aunque es posible almorzar en el interior de las instalaciones de los Museos Vaticanos, y a pesar de que el cansancio se deja sentir, recomendamos salir del complejo y andar unos pasos para disfrutar de un buen restaurante, como la Osteria le Streghe. Con mucha madera y el Tíber como vecino, seguro que no nos defrauda (Vicolo del Curato 13; tel.: +39 (0) 66 87 81 82).

16.00 Plan de escape

De nuevo en la calle, seguro que nos llama la atención un edificio redondo de piedra. Se trata del Castel Sant’Angelo, conectado con el Vaticano por un corredor subterráneo construido por el papa Nicolás II, para poder huir en el caso de que fuera necesario. De hecho, Clemente VII fue el último en utilizarlo durante el famoso saqueo de Roma por parte de las tropas del rey Carlos I de España. Lejos de sus funciones defensivas, el castillo fue en su origen la tumba de Adriano, el emperador que hizo el Panteón. Hoy tiene en su interior una biblioteca y una sala de exposiciones (www.castelsantangelo.com).

17.00 Ambiente popular

Seguimos a orillas del Tíber por el Lungotevere Gianicolense, que, por un lado, bordea el río y, por el otro, la zona verde de Gianicolo, para alcanzar el barrio más popular y con más personalidad de Roma: el Trastevere. Las callejuelas empedradas y un sentido mediterráneo de la vida en la calle le dan mucho color. A la altura del Ponte Sisto, torceremos a la derecha para buscar la Via della Scala, pasando por delante de la Casa della Fornarina, donde vivió la amante del pintor Rafael. Esta calle nos llevará directamente a una plaza rectangular presidida por la espadaña de la iglesia de Santa Maria in Trastevere. Su fama se debe a los mosaicos de Pietro Cavallini, del s. XII. El resto del tiempo lo pasaremos callejeando para empaparnos del ambiente y para ir viendo, por si nos interesa para más tarde, algunos de los restaurantes que hay en el Vicolo del Piede, una callecita que va a dar a la citada iglesia. De todos modos, si queremos una pizzería con sabor local, debemos ir directos a Dar Poeta (Vicolo del Bologna, 45).

19.00 La dolce vita

Si la opción de quedarnos a cenar en el Trastevere no nos seduce, podemos cambiar radicalmente de barrio y acercarnos otra vez a Villa Borghese, ya que en sus proximidades se encuentra Via Veneto, calle que alcanzó la fama gracias a la película La dolce vita, de Fellini. El contraste con el barrio que acabamos de conocer es total: aquí todo es orden y exclusividad. Cerca de la célebre calle encontraremos establecimientos como George’s (Via Marche, 7) o Giovanni (Via Marche, 64). Si, por el contrario, hemos decidido cerrar el día en el Trastevere, recomendamos visitar el Gauguin Café (Via del Moro, 26) para disfrutar de un buen cóctel servido en un ambiente distendido.

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