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Destinos Románticos de Montaña

La esencia de la naturaleza

Muchas veces parece que nos quedamos sin ideas para encontrar un destino acertado para una escapada romántica. Queremos sorprender a nuestra pareja sin caer en los tópicos o en las cosas obvias. Estas propuestas nos llevan por algunos de los parajes más bellos de España, donde el contacto con la naturaleza nos hará apreciar todavía más nuestra compañía.

La Cerdanya (Girona), el secreto mejor guardado por los Pirineos

A caballo entre España y Francia, la Cerdanya tiene una clara seña de identidad: es la única llanura en toda la extensión de los Pirineos. Un espacio totalmente abierto a más de mil metros de altura, con paisajes bellísimos y rincones donde lo inesperado se confabula para deleitar nuestros sentidos.

A pesar de la explosión del turismo, la Cerdanya ha sabido mantener su personalidad. Para empezar, su disposición Este-Oeste hace que tenga muchas más horas de sol que el resto de los valles pirenaicos. Ya nos sorprende la llegada a la comarca después de haber atravesado el Parque Natural del Cadí-Moixeró por el túnel del Cadí. Nos maravilla el verde de los prados, los pequeñitos pueblos que vamos dejando a nuestro paso (con nombres tan evocadores como Das, Alp, Urús o Urtx) y una luz que no esperábamos. A nuestro alrededor, como guardianes del tesoro, veremos las nevadas cumbres pirenaicas.

El lago (o estany) de Puigcerdà, en la capital de la comarca, se yergue sobre un promontorio a un paso de la frontera con Francia. Ahora es un escenario de ensueño, con cisnes y patos que nadan en él, y rodeado de las siluetas de algunos palacios novecentistas. Uno de ellos es Villa Paulita. Este hotelito de lujo cuenta con un excelente restaurante, Senzone, donde podemos cenar con vistas al lago. La placidez del lago se completa con la arboleda del parque Schierbeck.

Cap del Rec es una suave ladera a la sombra de la Tossa Plana de Lles, un pico de 2916 metros, a un paso de la estación de esquí nórdico de Lles. Una pequeña caminata nos permitirá tener unas panorámicas inmejorables sobre los Pirineos.

El lago de Malniu es un precioso lago escondido entre pinares y abetos a 2250 metros de altitud, al que se llega después de un camino de 30 minutos desde un aparcamiento señalizado. Cuando lo observamos, nos invade una profunda sensación de plenitud debido al efecto del aire limpio de la alta montaña, al contacto con la naturaleza y a la buena compañía.

En esta zona, se suceden esas pequeñas maravillas ocultas: el pinar de Fontanera; el bosque de abetos de Segremorta, a un paso de la concurrida estación de esquí de La Molina o, ya en Francia, el valle de Eina, un verdadero y completísimo jardín botánico en plena naturaleza.

No nos podemos olvidar de sus pueblecitos, con los edificios tallados en piedra y granito. Seguro que no esperábamos encontrarnos en Santa Eugènia de Nerellà con la torre de Pisa de la Cerdanya: la torre del campanario de esta iglesia del siglo XII tiene una inclinación de 1,25 metros. Muchas parejas disfrutan de una excursión a Sant Serni de Coborriu, una pequeña iglesia de una sola planta situada junto al antiguo camino que usaron los herejes cátaros ese mismo siglo para escapar de la Inquisición.

En Llívia, población española en territorio francés por los caprichos de la historia, pararemos a comer. El histórico restaurante Can Ventura es un referente de la cocina tradicional de la comarca, en la que el plato más conocido es el trinxat (hecho con col, patata y tocino). La Formatgeria de Llívia (en Gorguja, a la salida del pueblo) es de visita más que obligada para los amantes del queso (formatge, en catalán).

Pero si hablamos de pasar unas horas de embrujo romántico, no hay nada como La Torre del Remei. Este palacete, construido en 1910, fue el regalo del banquero Agustí Manaut a su hija Blanca. Con los años, ha acabado en las buenas manos de Josep Maria Boix, uno de los mejores chefs de España, y de su esposa, Loles. Desde 1991, es un hotel con un encanto que hace honor a su aire exclusivo.

Colunga, lo mejor de Asturias

En este municipio asturiano nos sentiremos mejor que nunca, mientras admiramos en compañía las praderas verdes de Asturias, las montañas nevadas o la línea del horizonte que se divisa en el Cantábrico.

El Palacio de Luces es un establecimiento de cinco estrellas de gran lujo ubicado en un pueblecito, Luces, a un paso de todo: del mar, de las altas montañas, de las praderas y de los frondosos bosques. Es un lugar perfecto para redescubrirse, con experiencias ciertamente aconsejables, como por ejemplo, deleitarse con la cocina del chef Fernando Martín en el restaurante del hotel El Balcón del Sueve, con vistas a esta sierra, uno de los parajes más bellos de Asturias. Nuestra estancia nos permitirá visitar una ganadería de la zona, un llagar familiar (los locales donde se elabora la sidra) o realizar un paseo en helicóptero.

Desde el hotel, un palacio levantado entre los siglos XVI y XVII, se pueden hacer muchas salidas, tanto en bicicleta como caminando en pareja. Tejos, hayas, cerezos y pinos nos acompañarán en la ruta hasta el centro de Luces, donde todavía encontraremos los típicos hórreos. Si seguimos un poco más adelante, el faro de Llastres se encuentra a cinco minutos. Desde aquí, las vistas sobre el Cantábrico y los acantilados asturianos son impresionantes.

Colunga es la capital del municipio, que pertenece a la comarca de Oriente de Asturias. Sin embargo, el pueblo más famoso y visitado (como haremos nosotros, claro) es Llastres. Se trata de un antiguo enclave ballenero y todavía puerto pesquero en el que parece que las casas blancas y las casonas señoriales se agarren unas a otras para no precipitarse sobre el Cantábrico. Esta localidad se hizo célebre por la serie de televisión Doctor Mateo. Pasear arriba y abajo por sus estrechas calles es toda una delicia. Admiraremos palacios como la casa de don Pedro Suarpérez, de finales del siglo XVIII, o el Palacio de los Victorero, una de las grandes familias de la zona. Podemos bajar hasta el puerto deportivo y la playa, o subir hasta la iglesia de Santa María de Sábada, y la ermita y el mirador de San Roque, que domina toda la bahía. Eso sí, no podemos pasar la ocasión de probar los famosos guisos y platos caseros que prepara Isabel Martínez en El Cafetín (Matemático Pedrayes, s/n, tel.: 985 850 884), fundado en 1906. Cenar o comer en su terraza, con unas vistas fabulosas sobre el pueblo y el mar, es un contrapunto romántico perfecto para la jornada.

A un paso de Llastres, en la desembocadura del río Libardón, se halla la playa de La Griega. Entre sus encantos se encuentra el mejor yacimiento de icnitas (huellas de dinosaurios fosilizadas) de Europa. Son apreciables al aire libre, y algunas tienen 125 centímetros de diámetro, lo que nos da una idea del tamaño del animal que las dejó hace unos cuantos millones de años. Si nos interesa el tema, podemos completar la experiencia con una visita al Museo Jurásico de Asturias, a medio camino entre Llastres y Colunga.

Sierra de Ayllón, el paraíso del Sistema Central

La sierra o macizo de Ayllón se asienta sobre tres provincias: Guadalajara, Madrid y Segovia. Si tomamos Ayllón como centro, tendremos a nuestro alcance pueblos pintorescos, paisajes excepcionales y la sensación de estar en un entorno privilegiado, ideal para perderse en pareja.

Ayllón es una villa medieval situada al nordeste de la provincia de Segovia. Es un pueblecito encantador, a orillas del río Aguisejo. Para entrar en su casco histórico, cruzaremos el río por el puente romano y pasaremos por El Arco, la única puerta medieval que todavía queda en pie, blasonada con los escudos de las cuatro familias más importantes de la localidad. En la plaza Mayor, podemos admirar sus casas porticadas, la sencillez del ayuntamiento, el pórtico románico de la iglesia de San Miguel y, claro, la fuente, construida en 1892 para celebrar el IV centenario del descubrimiento de América.

Desde aquí, podemos iniciar un pequeño paseo para perdernos por callejuelas empedradas que sugieren estampas de otra época, mientras vemos casas señoriales, como el Palacio Eugenia de Montijo, el Palacio del obispo Vellosillo −sede del Museo de Arte Contemporáneo−, o el Palacio de los Contreras, de finales del siglo XV.

En la loma vemos la torre de la Martina, vestigio de la desaparecida iglesia de San Martín del Castillo. Este es el punto que nos deparará las mejores vistas del pueblo. A un lado vemos las ruinas de las murallas árabes de Los Paredones, un poco más lejos, el antiguo convento de San Francisco, fundado según la tradición por el mismísimo san Francisco de Asís en 1214. En medio de los tejados sobresale el campanario de Santa María la Mayor.

Para probar la gastronomía local, especialmente las carnes, como el cordero asado al horno de leña, recomendamos La Tenada del Chispano, un restaurante donde podemos compartir sabores y experiencias.

Para descubrir los parajes más románticos de la sierra, saldremos de Ayllón en busca de pueblos pintorescos como Francos, Estebanvela (donde se encuentra el yacimiento paleolítico de La Peña) y Santibáñez de Ayllón, en la vega del río que baña el valle. Desde aquí ascenderemos por la ruta del río Aguisejo hasta Grado del Pico.

Estamos a un paso de una de las rutas más singulares de toda Segovia, la Ruta del Color. Se llama así porque las aldeas se agrupan en función del color de sus edificios. Alquité, Martín Muñoz de Ayllón, Villacorta y Madriguera son los Pueblos Rojos, debido a los sustratos férricos del material empleado en la construcción. A los dos primeros también se les considera los Pueblos Amarillos, por los rastros de cuarcita en sus muros. En cambio, los Pueblos Negros, llamados así por el uso de la pizarra en muros y techos, son Becerril, Serracín, El Muyo y El Negredo. En Villacorta, además, se encuentra el Molino de la Ferrería. Se trata de un antiguo molino harinero que conserva sus paredes de piedra y su aire rústico, pero que se ha transformado en una acogedora posada, perfecta para parejas, y en cuyo restaurante anuncian su famoso cocido.

Otro punto importante en la sierra es Riaza. A orillas del río del mismo nombre, nos sorprenderá por sus rincones, como la Nevera, la antigua fuente lavadero del pueblo; la plaza Mayor, cuyo suelo es un curioso ruedo elíptico rodeado por gradas de piedra que aprovechan la pendiente del terreno, o el campanario del ayuntamiento.