Cantabria

Mar, valles, montañas

Todo eso y mucho más lo tiene Cantabria, una comunidad que se recorre de forma plácida y tranquila. Una tierra de gran riqueza histórica, cultural y gastronómica. Además de sus increíbles paisajes, entre los más bellos de España. Desde el puerto de Castro Urdiales hasta el teleférico de Fuente Dé, nos espera una ruta inolvidable.

1a MAÑANA

1a MAÑANA

09:00 h. La Costa Esmeralda

Comenzamos en Castro Urdiales, a un paso del País Vasco. Para empezar, disfrutamos de una de las estampas más reconocibles de Cantabria: sobre el puerto pesquero, el peñón donde se sitúan la iglesia gótica de Santa María (siglo XIII), los restos de la iglesia románica de San Pedro y el castillo-faro. 

A través de la N-634, seguimos una ruta de prados verdes y riscos sobre el Cantábrico que lleva hasta Laredo, el principal núcleo turístico de la Costa Esmeralda. La Puebla Vieja es una red de seis calles de pasado medieval con casas señoriales, restaurantes y bares de tapas. Coronándola, la iglesia gótica de Santa María de la Asunción (siglo XIII). Para el turista, la gran atracción de Laredo son sus playas, en especial La Salvé: cinco kilómetros de arena blanca protegidos de los envites del mar. Al otro lado de la bahía, el Monte Buciero y la localidad pesquera de Santoña.

 

11:00 h. Una ruta hasta el mar 

Cruzamos por los humedales que constituyen la Reserva Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Santoña se hizo famosa por el valor de sus marineros y por el sabor de sus anchoas. Ese ambiente todavía se respira en el puerto pesquero. En el fuerte de San Martín, al final de la playa, comienza una ruta de senderismo que lleva hasta el Batería de San Felipe. Desde allí, la panorámica, con las rocas precipitándose al mar en caída vertical, es una de las mejores de Cantabria.

 

13:00 h. Cocina y escuela

Tomamos la Autovía del Cantábrico. En Hoznayo, nos desviamos hacia Villaverde de Pontones. Allí, en una casa-palacio de piedra del siglo XVIII, se halla El Cenador de Amós. En él, el chef Jesús Sánchez ha construido un templo del buen comer, con creaciones y un menú degustación que han merecido una Estrella Michelin. 
 

1ª TARDE

1ª TARDE

15:30 h. Hacia las alturas de Campo

Afrontamos la etapa más larga de nuestra ruta. Son 90 kilómetros hasta Reinosa. Esta población ha sido durante siglos lugar de paso entre Cantabria y Castilla. La Plaza del Ayuntamiento y la Plaza de España congregan los principales edificios, como la Iglesia de San Sebastián y el Centro Cultural La Casona. Este palacio del siglo XVIII alberga siempre exposiciones interesantes, muchas de ellas sobre el pasado cultural de la comarca de Campoo. Un recién nacido Ebro divide Reinosa en dos partes, unidas por el puente de Carlos III. 

Después de recuperar el coche, tomamos la CA-183 en dirección a Brañavieja. A cuatro kilómetros está Fontibre, donde se sitúa el nacimiento del Ebro. Es un paraje de postal: aguas cristalinas rodeadas de árboles y sotobosque en medio de la naturaleza. Los científicos han comprobado que el Ebro nace más arriba, como río Híjar, pero sus aguas se filtran y desaparecen hasta que brotan de nuevo en este punto. 

Nos dirigimos ahora a Julióbriga. Ciudad romana y Museo Domus, en Retortillo. Las ruinas están situadas sobre una loma que domina el grandioso Embalse del Ebro. Podemos conocer a fondo su historia gracias a la reconstrucción de una casa romana. Después podemos pasear libremente por el yacimiento arqueológico.

 

18:00 h. La magia del Pas 

Salimos de Campoo, por la N-623, en dirección al Valle de Turienzo. Aquí, el río Pas salta entre rocas y pedregales. Es un escenario excelente para la pesca de la trucha y el salmón. En Puente Viesgo nos encontramos con el Gran Hotel Balneario. Este establecimiento lleva más de un siglo tratando a sus clientes con las propiedades de sus famosas aguas. Qué mejor que probar los circuitos del Templo del Agua (tel. 942 59 80 61). También podemos visitar las cuevas de Monte del Castillo, una de las mejor conservadas del extraordinario paleolítico cántabro.

 

19:30 h. La capital nos espera

Terminamos el día en Santander, a menos de una hora en coche. Reconstruida por completo después del gran incendio de 1941, es una ciudad moderna y acogedora. Desde el Ayuntamiento, seguimos su calle más conocida, el Paseo de Pereda, hasta la animada zona de Puertochico. Al fondo vemos la silueta del Palacio de la Magdalena. Se construyó en 1912 por suscripción popular como regalo al rey Alfonso XIII. Merece la pena pasear por sus jardines a cualquier hora. Ofrecen unas vistas excepcionales sobre la ciudad y las playas de El Sardinero, donde se produjeron los primeros “baños de ola”, en 1847. También podemos perdernos por el eje comercial de la ciudad, formado por las calles de Juan de Herrera, Lealtad, San Francisco e Isabel II.

 

20:30 h. Todo un clásico

Después de las compras, nada mejor que una buena cena. Optamos por Zacarías, un clásico de la cocina cántabra. Su situación es perfecta, en Puertochico. Nos espera un ambiente acogedor. Sus platos son, ante todo, sabrosos: unos pimientos rellenos de langosta, por ejemplo. 

Al salir, nos encontramos directamente en una de las zonas más animadas de Santander, la plaza de Cañadío. No es difícil encontrar un buen local para tomar algo. Los santanderinos recomiendan Blues, en la misma plaza. También podemos acudir a las terrazas de Castelar, con vistas a la bahía. 
 

2a MAÑANA

2a MAÑANA

09:00 h. Santillana, insuperable

Recibimos el día en uno de los pueblos más bonitos de España: Santillana del Mar. La villa de las tres mentiras (no es santa, ni llana ni tiene mar) es un museo de historia al aire libre, con imponentes casas señoriales de los siglos XIV a XVIII que lucen los escudos de las familias que los construyeron: Barreda-Bracho, Bustamante, Velarde, Quirós... En la Plaza Mayor están la Torre de Don Borja, sede de la Fundación Santillana, y la Torre del Merino. Al final del paseo, la Colegiata de Santa Juliana. Esta joya del románico fue construida en el siglo XII, aunque fue renovada con posterioridad. El retablo mayor, la pila bautismal o el sepulcro de Santa Juliana, del siglo XV, rivalizan con el claustro, de finales del siglo XIII. La decoración de sus capiteles es un verdadero libro de piedra con la mejor iconografía del arte románico.
 

11:00 h. La huella del pasado

A sólo dos kilómetros de Santillana se ubica el Centro de Investigación y Museo de Altamira. La famosa cueva de Altamira, descubierta accidentalmente en 1868, estuvo habitada en el Paleolítico Superior, entre hace 22.000 y 13.000 años. Sus moradores crearon la Capilla Sixtina del arte rupestre: la Sala de Polícromos. En el techo se agolpan figuras increíblemente reales y expresivas de ciervos, jabalíes, una cierva, un caballo… Para evitar el deterioro de las pinturas, la cueva está cerrada al público. Pero no importa. En el Museo, además de una exposición permanente y talleres de Prehistoria, podemos visitar la Neocueva, que reconstruye con fidelidad exacta la famosa sala. Continúa siendo impactante.

 

12:00 h. La huella catalana de Comillas

Alcanzamos de nuevo el litoral en Comillas. Este pequeño pueblo de pescadores cambió su destino tras el éxito de su hijo pródigo, Antonio López. Acabó por ser el hombre más rico de España, amigo y consejero personal de Alfonso XII, a quien invitó a veranear en Comillas en 1881. La llegada de la corte causó un gran impacto. Los poderosos de la zona contrataron a los mejores arquitectos para construir sus palacios. Destacaron los maestros catalanes, entre ellos Antoni Gaudí. Fue el responsable de El Capricho, una residencia de verano que ahora es un restaurante. Maravilla por su estética, su esbelta torre y su decoración de cerámica con motivos vegetales. Joan Martorell firmó el Palacio de Sobrellano, residencia privada de Antonio López, y la Capilla-Panteón anexa (1881-85). Josep Llimona dejó la famosa escultura de El ángel exterminador en el cementerio de la localidad.

 

13:00 h. Parada y fonda en San Vicente

Entramos en el Parque Natural de Oyambre. Es un entorno natural con marismas y playas de arena blanca que cruzamos con destino a San Vicente de la Barquera. Llegamos a esta villa marinera después de cruzar la ría del Rubín por el Puente de la Maza, un monumento de 32 arcos construido en el siglo XV, aunque el puente actual fue casi totalmente reconstruido durante el reinado de Carlos III. El perfil de San Vicente está dominado por la Iglesia de Santa María de los Ángeles, obra del gótico montañés, y por el Castillo, del siglo XII. A las espaldas de San Vicente vemos las moles graníticas de los Picos de Europa. 

En el barrio antiguo, buscamos un buen establecimiento para comer. Abierto en 1941, el restaurante Maruja (Avenida del Generalísimo, s/n, tel. 942 71 00 77) está especializado en pescados y mariscos frescos del Cantábrico, presentados de forma original y creativa. 

2a TARDE

2a TARDE

15:00 h. El curso del Deva

Desde San Vicente llegamos a Unquera, en la desembocadura del río Deva, en la frontera con Asturias. Es conocida por sus dulces, las corbatas. Seguimos el curso del Deva hacia el interior. Estamos en el desfiladero de La Hermida, la única vía de acceso a la comarca de la Liébana. Buena parte del camino transcurre por tierra asturiana, con la carretera N-621 encajonada entre paredes de roca. 

Podemos hacer un alto para visitar la Iglesia de Santa María de Lebeña. El templo original data del siglo X y es la mejor muestra del prerrománico en Cantabria. Después fue alterado siguiendo otros estilos, como el mozárabe, hasta crear un conjunto admirado por su equilibrio.

 

16:30 h. Pueblo entre puentes

Al final del desfiladero, el terreno se abre y llegamos a Potes. Según la tradición, debe su nombre a los puentes que cruzan los cauces del Deva y del Quiviesa, que se unen en este punto. Es un pueblo de gran actividad, tanto por el turismo como por su condición de capital de la comarca. Si podemos, no hay que perderse el mercado semanal (los lunes). Podremos comprar excelentes productos locales, como miel o legumbres. También organiza seis ferias de ganado al año. El edificio más importante es la Torre del Infantado. Fue erigido en el siglo XV como símbolo de poder de los Mendoza. Hoy, después de una profunda rehabilitación, es un centro cultural. Acoge una exposición permanente dedicada al famoso monje Beato de Liébana.

Para conocer la obra cumbre del miniaturismo medieval salimos en dirección al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, a dos kilómetros. Es un gran ejemplo de gótico cisterciense. La decoración es sobria y solemne. En el interior guarda el relicario con el Lignum Crucis. Según la tradición canónica, es el fragmento más grande de la cruz en la que fue crucificado Cristo que se conserva en el mundo. Mide 63,5 por 39,3 centímetros. Al parecer, fue trasladado allí en el siglo VIII, junto con los restos del obispo Toribio de Astorga. También fue en Santo Toribio, alrededor de 776, cuando un monje conocido posteriormente como Beato de Liébana recopiló e ilustró los Comentarios al Apocalipsis. Esta obra, con unas ilustraciones extraordinarias, fue de gran importancia en la Europa cristiana. Se produjeron decenas de copias, que se repartieron por todo el continente. En el Monasterio hay una completa exposición con facsímiles de esas ilustraciones.
 

18:00 h. Los Picos de Europa

Pasamos Cosgaya y Espinama hasta que, de pronto, la carretera termina. Las paredes de roca nos indican que más allá se extiende el Parque Nacional de los Picos de Europa. Dejamos el coche y tomamos el teleférico de Fuente Dé. Salva un desnivel de 753 metros hasta el Mirador del Cable, a 1.823 metros de altura. La vista desde el mirador, que se adentra sobre el vacío, es excepcional. 

Dependiendo de la hora y del tiempo, que siempre es muy cambiante, se nos presentan varias opciones. Podemos conformarnos con la increíble panorámica mientras tomamos algo en el restaurante El Cable. O realizar una excursión a pie por los pastos de Áliva, hasta el Chalet del Rey, usado por Alfonso XIII, o el Hotel-Refugio de Áliva. Si tenemos tiempo y fuerzas, hacemos la ruta completa hasta Espinama, en un trayecto sin dificultad, siempre en descenso. Como la ruta termina en la carretera, tendremos que volver a cubrir los cuatro kilómetros hasta el aparcamiento, o rogar a un alma caritativa que nos lleve.

En cualquier caso, regresaremos a Potes para terminar nuestras 48 horas en Cantabria de la mejor manera posible. Por ejemplo, frente a un cocido lebaniego en el restaurante El Refugio (Obispo, 6, tel. 942 73 10 28).

 
Más información

Sociedad Regional de Turismo. Tel. 942 20 82 80 

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