El Sur de Francia

Hay mil maneras de recorrer el sur de Francia, una de las regiones más emblemáticas y con más historia al otro lado de nuestra frontera. Ciudades amuralladas, leyendas cátaras, pueblos medievales, restaurantes con Estrella Michelin… Una escapada a estas tierras permite pasear por pintorescas localidades, deleitarse con la exuberante belleza de los canales fluviales y empaparse de cultura y gastronomía. Descubre todas las caras de una región hedonista.

1ª MAÑANA

1ª MAÑANA

Paseo por Toulouse, la ciudad rosa

La capital de la región de Midi-Pyrenées seduce por su temperamento moderno y desenfadado y por sus manifestaciones culturales y arquitectónicas. Conocida como la ciudad rosa por el color de los ladrillos de sus edificios, la tercera ciudad universitaria de Francia ofrece muchas opciones para ser descubierta. El centro histórico y sus principales monumentos se pueden visitar fácilmente a pie.

Destacan la Place du Capitol, la basílica de Saint-Sernin, los palacetes renacentistas y, sobre todo, el espectacular convento de los Jacobinos (siglos XII-XIV), donde reposan las reliquias de Santo Tomás de Aquino. Al margen de sus coquetas calles flanqueadas por exclusivas tiendas de ropa y artesanía, Toulouse mantiene una relación muy estrecha con el río Garona.

Uno de los rincones favoritos de los habitantes es la orilla derecha del río, repleta de muelles y gabarras reconvertidas en bares de copas, restaurantes y salones de té. Imprescindible visitar la Maison de la Violette, un espacio de degustación de productos artesanales elaborados con la emblemática flor de la ciudad, la violeta.

Moissac, bañada por los viñedos DO Chasselas

Perfumada por voluptuosas vides, la afable localidad de Moissac, a una hora de Toulouse, está integrada en un paisaje epicúreo dominado por vergeles y viñedos.

Desde el siglo IX es una etapa principal del Camino de Santiago, por lo que no es de extrañar ver a los peregrinos contemplar una de las joyas del arte románico francés, la Abadía de Saint Pierre (siglos X-XII), cuyo impresionante claustro es uno de los mejor conservados del mundo. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998 junto al pórtico, otra maravilla arquitectónica que recrea detalladas escenas bíblicas.

La abadía está enclavada en una coqueta plaza donde foráneos y locales se reúnen para degustar una copa del aromático vino denominación de origen Chasselas, emblema de la región, cuya delicada uva sirve para elaborar, aparte de vinos, zumos, aperitivos, confituras y chucherías cuyo sabor explosiona en el paladar.

 

Dentro de la ciudad amurallada de Carcassonne

Los amantes de las leyendas históricas no pueden dejar de recorrer la fantástica ruta de los cátaros, que atraviesa de una punta a otra el departamento de Aude, en la región de Languedoc-Roussillon. Declarada Patrimonio Universal de la Humanidad por la Unesco, la ciudadela medieval de Carcassonne, construida entre los siglos XII y XIV, es un enclave imprescindible.

Si su panorámica desde el Pont Vieux es majestuosa, la entrada a la ciudad fortificada por la Puerta de Narbona se convierte en un acto solemne. El pasado medieval sigue aún muy vivo en intramuros, con vestigios bien preservados como las murallas, el castillo del Conde, la basílica de Saint Nazare, las torres de vigilancia y las lizas donde se celebraban ajusticiamientos y torneos caballerescos. Los talleres de artesanía y los museos de armaduras se encargan del resto.

Al mediodía, el aroma del cassoulet, el guiso típico de la región a base de alubias, confit de pato y carne de cerdo, recuerda que aquí el estómago es la única vía para combatir el frío en invierno. Los castillos de Lastours, Saissac, Quéribus, Peyrepertuse y Puilaurens son otros parajes donde palpar el catarismo alrededor de Carcassonne.

1ª TARDE

1ª TARDE

Siguiendo el curso del agua por el Canal del Midi

Como auténticas casitas flotantes, las embarcaciones de agua dulce son un medio de transporte excelente para hacer un apacible recorrido por la vía navegable más famosa del sur de Francia, el Canal del Midi, descubriendo bellos paisajes rurales.

No es necesario tener licencia de patrón para gobernar uno de los barcos de Le Boat, aunque se debe tener en cuenta la señalización a lo largo del canal, repleto de obras de ingeniería como esclusas que permiten salvar los desniveles, amarres y puentes-canal que hacen de la navegación una excursión de lo más entretenida.

Esta excepcional obra de arquitectura, concebida en el siglo XVII por Pierre-Paul Riquet como una vía comercial que unía el océano Atlántico con el mar Mediterráneo, discurre por la tranquila campiña francesa, atravesando las encantadoras poblaciones de Homps, Argens-Minervois, Le Somail, Capestang, Poilhes o Colombiers.

En ellas, uno puede resarcirse con deliciosos quesos, embutidos, confits, brandadas de bacalao, mermeladas y vinos. Declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1996.

 

Béziers, festiva y occitana

Recalar en Béziers, ciudad natal del fundador del Canal del Midi Pierre-Paul Riquet, es empaparse de cultura. Los plátanos centenarios que jalonan sus avenidas hablarían de multitudinarias celebraciones festivas y de hermosos mercados, como el de flores, que cada viernes decora el paseo Paul Riquet.

Esta arteria señorial sirve para tomar el pulso a la capital occitana del Hérault, que en el siglo XIX prosperó gracias al cultivo de la vid. Numerosos palacetes, un teatro municipal de estilo italiano, museos y románticos jardines, entre los que destaca el de los Poetas, atestiguan esa opulencia.

Entre las callejuelas del barrio viejo –cuyos nombres se pueden leer en francés y en occitano– se esconden tesoros como la iglesia románica de Saint Jacques (siglo XII), la de la Madeleine (siglos XI-XIV) o la basílica de Saint Aphrodise (siglos XII-XIII), patrón egipcio de la ciudad.

Pero su mayor tesoro se halla encaramado en una colina: sólo desde el puente nuevo se percibe la magnitud de la catedral fortaleza de Saint Nazaire (siglos XII-XV). En las afueras, observar los barcos fluviales superar un desnivel de 21 metros gracias a las nueve esclusas de Fonseranes es todo un espectáculo.

 

Tesoros ‘gourmands’: queso, nueces, trufas y ‘foie’

Que Francia es una de las cunas gastronómicas de Europa es algo sabido. Todos los sentidos están de fiesta gracias a los coloridos y perfumados mercados que trufan las poblaciones del sur con una paleta de productos regionales de calidad. Quesos de cabra Rocamadour, nueces de Périgord, azafrán, melón y cordero de Quercy, ternera de Aveyron y Ségala, vinos que maridan con las exquisitas creaciones de los restaurantes de la región, muchos de ellos distinguidos con Estrellas Michelin...

Dos de las joyas gastronómicas más valiosas nacidas aquí son el foie gras y la trufa negra, excelencias gourmands que se producen, sobre todo, en las granjas y en los bosques de los departamentos del sur. Algunos productores como Jacques Carles o Pebeyre ofrecen visitas guiadas a sus establecimientos para todos aquéllos que deseen conocer de cerca los procesos de elaboración, catar sus productos y comprar auténticas delicias.

2ª MAÑANA

2ª MAÑANA

Descubriendo la belleza de los paisajes del Lot

El impresionante espectáculo del valle del río Lot se abre en el corazón del sur de Francia. La naturaleza salvaje es la auténtica protagonista. Hermosa, bella, desafiante. Ya sea por la estrecha carretera jalonada de acantilados o por el sinuoso desfiladero por el que navegan embarcaciones de recreo, es un auténtico goce para los sentidos.

Vale la pena detenerse a descubrir este impactante paisaje repleto de meandros, grutas prehistóricas, muros de roca calcárea, fértiles terrazas cubiertas de viñedos, bosques de robles, castillos y seis de los pueblos catalogados como los más bellos de Francia: Saint Cirq Lapopie, Carennac, Autoire, Loubressac, Cardaillac y Capdenac le Haut.

El río Lot, auténtico centro neurálgico, discurre tranquilo por 75 kilómetros navegables, conformando un atractivo panorama que se puede explorar a pie, en coche o en barco. Uno de los elementos más espectaculares del patrimonio fluvial de la región es el camino de sirga de Ganil, un kilómetro de galería tallada en la base de un acantilado que permite llegar a Saint Cirq Lapopie dando un mágico paseo.

 

Cahors y Saint Cirq Lapopie, esencia medieval

Cahors, ciudad de arte e historia, surge en medio del valle del Lot enmarcada por las aguas del río. El puente fortificado Valentré, Patrimonio Mundial de la Unesco, da la bienvenida al visitante recordándole la leyenda que reza que su constructor tuvo que pactar con el diablo para terminarlo, en 1378.

Un paseo por el barrio antiguo atestigua la herencia medieval con casas bien conservadas de antiguos mercaderes, agradables plazoletas como la del mercado y más de 30 jardines secretos en los que aún hoy se cultivan plantas medicinales y especias como el azafrán. Junto a la catedral de Saint Etienne forman parte de la historia y el patrimonio de Cahors.

Muy cerca, el tiempo parece detenerse en Saint Cirq Lapopie, una pequeña villa de apenas 30 almas que se mantiene intacta desde su fundación en el siglo VII. Abrazada a una pared a 100 metros, es un armonioso entramado de callejuelas empedradas, puertas fortificadas, fachadas góticas, construcciones medievales y malvarrosas que mantienen todo el sabor de antaño. Un monumento histórico en el que aún se escuchan los sonidos de los artesanos que trabajaron la piel y la madera y de los artistas seducidos por tanta belleza.

2ª TARDE

2ª TARDE

Montauban, la cuna del pintor Ingres

En esta antigua ciudad protestante todas las calles convergen en un solo punto, la Plaza Nacional, en cuya doble galería de bóvedas se instalan puestos ambulantes de fruta fresca, hortalizas y flores. Fundada en 1144 por el conde de Toulouse, Montauban fue bombardeada por el rey de Francia en 1621. Testigo es la fachada de la iglesia de Saint Jacques, salpicada de impactos de cañones.

La ciudad presume de tener uno de los museos más especiales de Francia: el Museo Ingres, ubicado en un antiguo palacete episcopal del siglo XVIII. Cuenta con una impresionante colección de pinturas y serigrafías del artista Jean-Auguste-Dominique Ingres y una selección de pintura europea de los siglos XVII y XVIII.

No se deben pasar por alto las salas inferiores, donde aparte de colecciones arqueológicas se conservan vestigios del antiguo castillo del condado. El puente viejo del siglo XIV y la catedral de Notre-Dame, símbolo de la reconquista católica, son otros imprescindibles.

 

Bohemia y artesanía en Sauveterre de Rouergue

Los amantes de la artesanía, la serenidad y la autenticidad deben encaminarse hacia el departamento del Aveyron para alcanzar la magnífica ciudad real fortificada Sauveterre de Rouergue, del siglo XIII, que recibe el sobrenombre de la bastida de las artes y los oficios.

A lo largo de los siglos, los artesanos se han ido instalando en este encantador pueblo que ha ido creciendo alrededor de una plaza con arcadas de nueva planta medieval. Orfebrería, escultura, ebanistería, lutieres, sombrereros, cristaleros...

Así hasta 20 talleres-boutique forman parte del polo de artesanía de Sauveterre, que dispone de locales donde se realizan cursos y en los que se exponen, una vez al mes, las creaciones de más de un centenar de artistas y personajes bohemios venidos de toda Francia. Un abanico ecléctico en el que encontrar verdaderas joyas y piezas únicas durante todo el año. Mercados nocturnos, visitas guiadas con antorchas, fiestas medievales y teatro callejero completan la oferta lúdica de la ciudad.

 

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